dimarts, 15 de juny de 2010

Estudiants de la UC3M fan vaga d'exàmens

Notícia: La huelga de exámenes que tumbó un plan de estudios

Comunicado contra la reducción docente en el Grado de Humanidades.


Especialmente dirigido a nuestro “Excelentísimo Señor Rector Magnífico”, a todo su equipo y al profesorado del Grado en Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid:

Como alumnos de la primera promoción del grado en la titulación mencionada, ya “expertos” universitarios con un par de años de experiencia a nuestras espaldas, decidimos, colectiva y unánimemente, renunciar a nuestro derecho a examinarnos hasta que se reabra el proceso de implantación del nuevo plan de reorganización docente, que entendemos enteramente fraudulento y degradante para nuestra titulación. Semejante resolución ha sido tomada a causa del profundo rechazo que nos produce el nuevo plan previsto para el tercer y cuarto curso de Grado, mediante el cual se nos reducen horas de clase en unos términos que consideramos inaceptables y que suponen una ofensa respecto a los valores que, a nuestro parecer, ha de encarnar la universidad.

No creemos, sino sabemos, que todo este proceso se ha tejido a nuestras espaldas, se ha fundado en mentiras y se nos ha manejado con tantas irregularidades como palabras vacías. Se ha difundido -haciendo gala de una feroz hipocresía- que se sometió a nuestra consulta, que incluso participamos en el debate: tamaña mentira es sólo comparable con la que pretende hacernos creer que gracias a la reducción de horas de clase mejorará nuestra educación. Apenas pudimos enterarnos, mas que por medio de pequeños resquicios a través de los cuales se filtraba información, de lo que se estaba gestando sobre nuestras cabezas. Aún así, allá donde algún representante de nuestra titulación pudo tener acceso, el rotundo NO a la propuesta estuvo desde un primer momento encima de la mesa, y desde un primer momento fue obviado por todos y cada uno de nuestros interlocutores y representantes institucionales.

Tratamos de manifestar nuestra opinión al respecto por medio de una recogida de firmas en nuestra titulación, secundada por una aplastante mayoría, que resultó, de nuevo, estéril dentro de los juegos burocráticos en los que nos sumerge la Institución, que muy irónicamente alardea de su carácter democrático. Intentamos que se celebrasen reuniones de departamento que nos incluyesen y que tratasen este tema de manera monográfica, con la legítima presencia estudiantil que nos corresponde y a la que no hemos tenido acceso. Solo encontramos evasivas. Por ello, afirmamos sin ápice de duda que todos los esfuerzos dirigidos a transmitir nuestra disconformidad han chocado contra un muro de desprecio y de autoritarismo que nos devuelve a oscuras épocas de la historia social de este país contra la que alguno de los ilustres miembros de esta institución alardean de haber luchado.

Ante esta situación decidimos, movidos por la indignación y la impotencia, negarnos a participar en esta farsa. De esta manera, los alumnos de la primera promoción del Grado en Humanidades asistiremos a todos los exámenes a los que se nos convoque, pero no haremos nada que nos permita obtener un aprobado, renunciaremos pues, de manera voluntaria, a la posibilidad de obtener cualquier calificación. Todo el que piense que aprobar es el objetivo último de lo que queremos alcanzar en la universidad, está tan equivocado como aquel que crea que el otorgarnos un título vacío de contenido nos hará sentir satisfechos y quedarnos en silencio. Todo el que considere que vamos a aceptar la reducción docente con docilidad, comete el mismo error que quien asume que puede degradar nuestra educación impunemente. Nos opondremos a este proceso de forma inflexible, e invitamos a todos y cada uno de los que se sientan identificados con nuestra causa a que nos presten su apoyo y demuestren su rechazo hacia estas medidas, las cuales no son sino agresiones contra todo aquello en lo que creemos y en lo cual hemos depositado nuestras esperanzas de futuro. Aquellos que nos matriculamos hace cerca de dos años en el Grado de Humanidades teníamos una serie de expectativas motivadas por lo que desde esta universidad se nos había vendido. Ahora, a mitad de camino, todos esos compromisos han sido borrados de un plumazo, con una unidireccionalidad y verticalidad impropias de los valores de democracia, igualdad y consenso que enarbola la Carlos III, es decir, todo propaganda. Humo y cenizas es todo lo que se nos ofrece y a lo que se nos condena.

Al observar el lema de esta universidad, “Homo homini sacra res”, apreciamos que ésta sigue verdaderamente unos principios que ahora entendemos macabros. Se pervierte este adagio latino: comprendemos que se nos está tratando como “res”, como cosa, mercancía, número o ganado. El “sacra” sólo permanece ya para generar engaño y confusión, para camuflar una maniobra de instrumentalización de esos mismos deseos que nos llevaron a matricularnos en una carrera y en una universidad pública que traiciona sus propios presupuestos y su función en esta sociedad.


Fdo.:

Primera promoción del Grado en Humanidades de la universidad Carlos III de Madrid.

dilluns, 15 de març de 2010

Artícle de L'Heura: Las aulas después de la aplicación de Bolonia

Nota: Aquest és un artícle afusellat de l'Heura, la revista dels companys d'En Lluita, escrit per Pere Duran.

Pere Duran habla sobre el estado del movimiento estudiantil tras la lucha antibolonya, por qué muchos y muchas activistas han dejado de estar activos este curso y cómo el movimiento se puede volver a regenerar.

La dinámica del movimiento estudiantil es vertiginosa. La historia nos lo recuerda a menudo, y la lucha antibolonia nos lo ha vuelto a demostrar. Después de un año de intensas luchas, huelgas, ocupaciones, manifestaciones, etc., son muchos los que se preguntan: “¿dónde están los estudiantes antibolonia?”. Pues siguen en las facultades, pero la rabia que anteriormente se vertebraba en activismo ahora lo hace en frustración. La frustración de entender, desde primera fila, que los intereses de la política oficial no tienen nada que ver con los intereses de las personas; la frustración de entender que tu voz, tu acción, tu protesta pasará por algún pequeño despacho para caer en el olvido. El movimiento antibolonia no ha conseguido ninguno de sus objetivos explícitos.

A nivel interno, y desde un punto de vista histórico, las victorias han sido numerosas–que la gente se movilice ya es todo un éxito en la sociedad en que vivimos, y la contundencia con que se ha expresado el movimiento antibolonia la debemos valorar en este sentido. Formalmente ha habido dimisiones de cargos menores; el cambio de cartera y de ministro de universidades; se ha contribuido al desgaste del tripartit; ha habido un tímido aumento de becas; etc. Ahora bien, está claro que el Plan Bolonia ni se ha parado ni se ha condicionado a un debate en el seno de la comunidad. La mayoría de estudiantes, que ya pensaban que movilizarse no servía de nada, han visto corroborada su sospecha, y muchos de los que han participado en las luchas con empuje e ilusión –perdiendo clases, dinero, exámenes y parejas- han acabado aceptando esta idea. Las derrotas acostumbran a tener un precio muy alto –la de Bolonia no es una excepción.

En las universidades del área metropolitana de Barcelona, la situación de desorientación y dispersión es generalizada. Aún cuando muchas asambleas empezaron a trabajar y reunirse a principios de curso, quedaron estancadas pronto por premura de nuevos activistas comprometidos y la mayoría del trabajo recayó sobre los activistas de toda la vida –que a menudo también son militantes que deben cargar con las tareas de su organización y de otras campañas externas a la universidad. Otro de los motivos que explican el declive de las asambleas ha sido el no tomarse seriamente la necesidad de reconfigurar nuestro discurso, adaptado a las problemáticas concretas que surgen con los nuevos estudios “a la boloñesa”.

Punto de inflexión


Los ataques a la universidad pública –si bien es cierto que no han cesado desde la introducción del neoliberalismo a finales de los ‘70–, con la introducción del EEES y la crisis económica han traspasado un punto de inflexión. La introducción de los grados tan sólo es la punta de un iceberg neoliberal enorme y muy agresivo que se irá concretando en los próximos años; la Declaració de Montanyà –que propone escoger a los rectores a dedo y convertir al PDI (Personal Docent i Investigador, en catalán) y PAS (Personal d’Administració i Serveis) de funcionarios a simples contratados– y la Estrategia 2015 resumen las intenciones del gobierno español y del tripartit en la dirección mencionada. La democracia interna, la financiación y el acceso público a la universidad están seriamente amenazadas.

Es importante asumir esta perspectiva de futuro para no caer en atajos y poder preparar adecuadamente la resistencia a los ataques que sufrirá en un futuro próximo la universidad pública. Siendo conscientes de que actualmente será muy difícil movilizar a una gran parte del estudiantado, hemos de adecuar nuestro trabajo a una visión de futuro; necesitamos acumular fuerzas para los próximos cursos y no quemar todos los cartuchos este segundo cuatrimestre. Podríamos, pues, destacar como prioridades estratégicas de este curso la necesidad de incorporar a nuevas activistas, adecuar el discurso a la realidad de las facultades y conseguir pequeñas victorias que puedan animar a la gente a considerar las movilizaciones y el activismo como herramientas útiles para transformar la realidad. De hecho, las tres líneas están íntimamente relacionadas y se retroalimentan entre sí.

Otro de los pilares estratégicos que deberemos trabajar es el refuerzo de la coordinación entre asambleas. Este refuerzo permitiría a las asambleas resistir a la frustración que provoca la desmovilización actual, animándose con el contacto con otros activistas, y de cara al futuro poder comenzar nuevo ciclo de movilizaciones sin volver a caer en debates internos que resten fuerzas a la hora de presentar batalla.

En tercer lugar, y no menos importante, es la coordinación con el personal universitario, un sector que se verá muy agravados con las reformas que se aproximan. En Barcelona, obtener la complicidad del PDI no sólo otorgaría una legitimidad y una extensión de nuestro discurso muy grande, sino que nos permitiría golpear con mucha más contundencia los planes del tripartit, de los rectorados y de los consejos sociales. Las reivindicaciones seguramente no serán tan políticas como las de las asambleas y colectivos políticos, sino más bien económicas (no reducción de plantillas, cumplimiento estricto de convenios y contratos, subvención del transporte público para estudiantes, etc.). Pero serán un trabajo paralelo al del movimiento estudiantil, que lo retroalimentará y dará una mayor solidez y seriedad, tanto en la imagen pública como en la capacidad de aportar soluciones a sectores más amplios y diversos de la población universitaria (trabajadores subcontratados, profesores precarios, funcionariado, estudiantes, etc.).

Defender la universidad pública es la mejor contribución que podemos hacer los estudiantes para que la crisis no la paguen los de siempre.